Elena Villagrasa: La guardiana del Pirineo que dejó su huella en Ordesa

Elena Villagrasa: La guardiana del Pirineo que dejó su huella en Ordesa

El silencio del Valle de Ordesa se rompió este viernes con la noticia del fallecimiento de Elena Villagrasa Ferrer, la geóloga y conservacionista que, como directora del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, transformó un espacio natural en un faro de sostenibilidad. A los 61 años, un infarto repentino en Escalona (Huesca) apagó su vida, pero no su legado, que resuena en cada sendero, pico y río de este rincón aragonés. Desde su Bujaraloz natal, donde hoy se celebra su funeral a las 17:00, hasta las cumbres del Monte Perdido, Aragón y España lloran a una mujer que hizo de la naturaleza su misión.

Una vida entre rocas y sueños

Nacida en los Monegros zaragozanos, Elena Villagrasa llevó el rigor de la geología a la pasión por el Pirineo. Graduada por la Universidad de Zaragoza, su carrera despegó en 2001 como técnica superior en el Ministerio de Medio Ambiente. Tras casi una década en la Confederación Hidrográfica del Ebro, llegó a Ordesa en 2002 como jefa de conservación, un rol donde brilló por su capacidad para unir ciencia y acción.

Durante 18 años, catalogó la biodiversidad del parque, desde el delicado lagópodo alpino hasta los pastizales que sostienen al rebeco. Sus estudios sobre el impacto del cambio climático –publicados en 2016– alertaron sobre la desestacionalización y guiaron medidas de protección. En 2018, para el centenario de Ordesa, lideró la creación del Cuaderno del Naturalista, una guía que acercó la ciencia a los visitantes. En 2020, asumió la dirección como la primera mujer al frente del parque, un hito que marcó con humildad: «No dirijo un parque; lo cuido para las generaciones futuras», dijo en 2021.

Un legado verde: Conservación con alma

Villagrasa redefinió la gestión de Ordesa con un enfoque que abrazaba la sostenibilidad sin cerrar puertas al mundo. Limitó el acceso de vehículos privados para proteger los 15.000 hectáreas del parque, promoviendo autobuses eléctricos y rutas guiadas que educan mientras deslumbran. Su app Ordesa Conecta, lanzada en 2022, ofrece datos en tiempo real sobre aforos y meteorología, reduciendo riesgos para los 600.000 visitantes anuales.

En biodiversidad, su trabajo fue titánico: programas de reforestación, control de especies invasoras y monitoreo de fauna como el quebrantahuesos (con 30 parejas reproductoras en 2024) aseguraron la salud del ecosistema. Su visión transfronteriza culminó en un acuerdo con el Parque Nacional de los Pirineos franceses (2024-2034), uniendo esfuerzos para proteger aves migratorias y hábitats glaciares. «El cambio climático no entiende de fronteras; nuestra respuesta tampoco debería», afirmó en una ponencia de 2023.

Ordesa: El corazón natural de Aragón

Creado en 1918 como Valle de Ordesa y ampliado en 1982, el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido es una joya de 15.608 hectáreas en el Sobrarbe (Huesca). Sus valles glaciares –Ordesa, Añisclo, Escuaín, Pineta– y el imponente Monte Perdido (3.348 m) lo convierten en el macizo calcáreo más alto de Europa occidental. Declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO y Reserva de la Biosfera, alberga el 45% de la flora pirenaica (1.500 especies), 200 tipos de aves y mamíferos como el sarrio.

Ordesa no es solo un refugio natural; es un motor económico para Aragón, generando empleo en Torla, Bielsa y Fanlo, y un emblema nacional que inspira a la Red de Parques Nacionales. Su equilibrio entre conservación y turismo sostenible es un modelo global, gracias en gran parte a Villagrasa.

Voces que la recuerdan: «Elena era la montaña misma»

El dolor trasciende fronteras. Los guardas del parque emitieron un mensaje sentido: «Elena no solo gestionó Ordesa; lo vivió con una pasión que nos contagiaba a todos. Su legado es nuestro compromiso». El Gobierno de Aragón, a través del consejero de Medio Ambiente, Ángel Samper, destacó: «Su trabajo incansable hizo de Ordesa un ejemplo mundial de conservación. Su pérdida es irreparable, pero su visión perdura».

Desde SEO/BirdLife, la ornitóloga Clara Mendoza la describió como «una líder que escuchaba a la naturaleza y a las personas, uniendo ciencia y comunidad». En Bujaraloz, el alcalde Miguel Ángel Solans la recordó como «nuestra hija más ilustre, que llevó el orgullo monegrino al Pirineo». El ecologista Luis Tirado, colaborador en proyectos de voluntariado, añadió: «Elena convirtió a los visitantes en aliados de la conservación; eso no se olvida».

El impacto de su adiós: Un reto para el futuro

La muerte de Villagrasa llega en un momento delicado: el turismo masivo (650.000 visitantes en 2024) y el cambio climático –que derrite los últimos glaciares– exigen una gestión firme. En el Sobrarbe, su ausencia preocupa a hosteleros y guías, para quienes era un faro de diálogo. «Elena mediaba entre todos: ecologistas, empresarios, vecinos. Sin ella, necesitamos unidad», dice Marta López, dueña de un refugio en Torla.

El Plan de Ordenación 2025-2035, que Villagrasa ayudó a diseñar, está en revisión, y su sucesor deberá mantener su equilibrio entre protección y apertura. «El reto es no perder su visión: un parque vivo, pero intacto», advierte la bióloga Ana Isabel Sánchez (WWF). Mientras el Gobierno de Aragón busca un director interino, el Pirineo se prepara para honrar a su guardiana.

Elena Villagrasa no solo dejó huellas en Ordesa; dejó un camino. Bajo las cumbres que tanto amó, su espíritu sigue susurrando: cuidemos la tierra como ella lo hizo. Descanse en paz.

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