
En un contexto de crecientes demandas por una mejor movilidad en la periferia madrileña, el Gobierno de Sánchez ha puesto sobre la mesa la reactivación del emblemático tren fantasma entre Móstoles y Navalcarnero, un proyecto abandonado hace más de 15 años que simboliza el fracaso de infraestructuras faraónicas salpicadas por escándalos. Este ferrocarril, ideado para conectar el cinturón rojo del sur de Madrid con la red de Cercanías, ha costado ya cientos de millones de euros al erario público sin que un solo tren haya circulado.
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Ahora, con el Ministerio de Transportes proponiendo asumir las obras, se reaviva un debate que enfrenta al Ejecutivo central con la Comunidad de Madrid liderada por Isabel Díaz Ayuso, mientras persisten las investigaciones por corrupción ligadas al Caso Lezo y la constructora OHL. ¿Podrá esta iniciativa resolver un legal dispute que ha dejado una infraestructura abandonada y frustrado a miles de vecinos?
La historia de un proyecto maldito: De la promesa electoral al abandono
El origen del tren fantasma se remonta a 2007, cuando la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, lo presentó como una promesa electoral clave para mejorar la conectividad en el sur de la región. El contrato, valorado en 360 millones de euros, fue adjudicado a la empresa OHL para extender la línea C-5 de Cercanías en 15 kilómetros desde Móstoles Central hasta Navalcarnero, pasando por Arroyomolinos y beneficiando a áreas como Parque Coimbra. Las obras comenzaron en 2009, pero la crisis económica de 2008-2010 las paralizó abruptamente en 2010, dejando atrás un rastro de túneles inconclusos, viaductos a medio construir y excavaciones que hoy son un peligro latente.
Desde entonces, el proyecto se convirtió en un símbolo de ineficiencia. En 2021, la Comunidad de Madrid acordó pagar a OHL 157 millones de euros (finalmente 162,5 millones) por la obra inconclusa, como parte de una liquidación contractual, aunque la constructora reclamaba hasta 289 millones por daños y perjuicios. El mantenimiento anual de esta infraestructura abandonada cuesta alrededor de 170.000 euros, un gasto que se suma a las pérdidas sin generar beneficio alguno. A lo largo de los años, múltiples intentos de reactivación fallaron, agravados por litigios y la falta de acuerdo entre administraciones.
Consecuencias financieras, políticas y sociales: Un coste que sigue creciendo
El fracaso del tren fantasma ha tenido un impacto multifacético. Financieramente, el desembolso de 157 millones sin resultados visibles representa un agujero negro en las cuentas públicas, agravado por demandas judiciales que podrían elevar la factura total. Políticamente, se ha convertido en un arma arrojadiza: el PP, que impulsó el proyecto bajo Esperanza Aguirre, ha sido acusado de especulación y mala gestión, mientras que sucesivos gobiernos regionales, incluida la actual administración de Ayuso, no han logrado resolverlo.
Socialmente, el abandono ha afectado a miles de vecinos en el cinturón rojo, una zona tradicionalmente de izquierda donde la falta de transporte público eficiente agrava los atascos en la A-5 y limita el acceso a empleo y servicios en Madrid capital. Comunidades como Móstoles y Navalcarnero sufren un aislamiento que impacta en la calidad de vida, con promesas incumplidas que generan frustración y desconfianza en las instituciones.
Las sombras de la corrupción: El Caso Lezo y el pago de comisiones
El proyecto no solo es un ejemplo de derroche, sino que está envuelto en graves acusaciones de corrupción. Forma parte del Caso Lezo, una investigación de la Guardia Civil que destapó una red de sobornos en adjudicaciones públicas durante la era del PP en Madrid. Según informes de la Unidad Central Operativa (UCO), OHL habría pagado comisiones de 1,4 millones de euros a figuras como Ignacio González e Ildefonso de Miguel para asegurar el contrato en 2007. Estos pagos, transferidos a través de cuentas en Suiza y Panamá, se vinculan directamente a la adjudicación del tren, convirtiéndolo en un emblema de la trama corrupta que salpicó al PP madrileño.
A pesar de las sentencias y pagos parciales, el legal dispute persiste: en 2021, la justicia obligó a la Comunidad de Madrid a devolver 34 millones a OHL, pero las investigaciones continúan, alimentando sospechas de especulación urbanística en torno al proyecto.
Esfuerzos recientes del Gobierno de Sánchez: Tensiones con Ayuso y el pulso político
En 2025, el Gobierno de Sánchez ha tomado la iniciativa para revivir el proyecto, proponiendo que el Ministerio de Transportes asuma las obras pendientes. En julio de ese año, el ministro Óscar Puente solicitó a la Comunidad de Madrid documentación para finalizar la línea, ofreciendo «quitar el muerto» a Ayuso y criticando el fracaso del PP en gestionarlo. Esta propuesta llega en un momento de alta tensión política, con el Ejecutivo central acusando a la presidenta regional de negligencia y utilizando el tren como ejemplo de los desmanes del PP.
Isabel Díaz Ayuso, por su parte, ha respondido con cautela, ofreciendo colaboración pero sin compromisos firmes, en un contexto donde el caos en Cercanías ya ha resucitado guerras entre administraciones. La dinámica refleja un pulso electoral: el sur de Madrid, con su cinturón rojo, es un bastión clave, y la reactivación podría ser un golpe maestro para Sánchez ante las críticas por la gestión nacional de infraestructuras.
